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La importancia de una correcta jerarquía visual. Caso práctico de diseño de packaging

By 10 noviembre, 2016 mayo 4th, 2018 No Comments

Para poder explicar la importancia de una correcta jerarquía visual en el diseño, os mostramos un caso práctico de un rediseño de packaging y la revisión de una jerarquía, tanto a nivel escrito como visual.

Sabemos que para definir los niveles de información en un diseño hacemos uso de diferentes jerarquías, no sólo de los contenidos sino también visualmente.

Debemos pensar en la legibilidad y la comprensión general del texto a simple vista al tomar decisiones sobre el orden, tipografía, tamaño, grosor, color y efectos que se apliquen.

Para explicarlo más claramente, exponemos un caso práctico de diseño de un packaging de cosmética profesional de Secretos del Agua, pero todas las conclusiones podrían extrapolarse a cualquier diseño.

El objetivo era cambiar las jerarquías para conseguir una mejor comprensión y percepción por parte de su usuario directo.

Estudiamos la problemática de un producto que debía utilizarse muchas veces al día por la figura del estilista en los salones de peluquería. Existían varios factores problemáticos.

No se identificaba el producto por varias razones:

– Por dar prioridad de legibilidad a informaciones secundarias por encima del nombre.

Informaciones como la familia o la línea del producto deberían estar por debajo del nombre no sólo en orden sino en peso visual. Son informaciones secundarias del producto que ayudan a clasificarlo. En este caso, la familia “HAIR” y su línea “FUERZA” se comían totalmente al nombre del producto. En el caso en que tales informaciones deban ir en un nivel superior por motivos de estética, nunca deberán destacar más que el propio denominación del producto.

Nuestra elección fue ubicar estas informaciones por debajo del nombre del producto y establecer una diferenciación discreta de color para cada una de las 5 familias. Y decimos discreta, porque hay que ser cuidadosos en el uso del color y que el hecho de diferenciar por colores familias o gamas no desemboque en un arco iris que diluya los colores corporativos de la marca.

– Por un uso, una ubicación y un peso de la marca incorrectos.

Sabemos que la marca de un producto debe estar presente y ser fácilmente reconocible, pero en nuestro caso debía poder actuar de dos formas: como paraguas y amparar al diseño desde su ubicación más alta, aplicándola en el primer nivel visual, o bien como firma y concluir el diseño desde su ubicación más baja, aplicándola en el último nivel visual. Siempre tenemos que estudiar cuál será su peso idóneo para que no compita ni reste valor a los demás niveles.

Cabe destacar que, en casos puntales en que la premisa sea que el producto respire marca por todos sus poros, ésta se aplique a todo gas ocupando todo el frontal del packaging.

Tenemos que ser respetuosos con las marcas y no inventar aplicaciones innecesarias. Este caso podría servir como ejemplo de este “sin sentido”. En el caso de que separemos el logotipo de su símbolo, el símbolo deberá actuar como distintivo fácilmente reconocible, no hacer que desaparezca para formar parte de una indiana. Sí podemos jugar formalmente a crear un patrón gráfico a partir de las formas del símbolo pero no tiene sentido que no aparezca como parte de la marca.

– Por la falta de legibilidad del nombre del producto.

Un cuerpo insuficiente del nombre y el ocupar un nivel incorrecto en la jerarquía visual del frontal hacían su reconocimiento muy complicado. Además, nos planteamos el caso del idioma. Sabemos que el inglés queda más cool y si lo ponemos en varios idiomas ya ni te cuento. Nuestra conclusión fue que nuestro idioma principal era el español, porque su público mayoritario está en España, así que copriorizamos sobre el inglés. En este caso, el producto pasaba de llamarse “CLEANSER” a llamarse “LIMPIADOR”. Mantuvimos el bilingüismo para darle más internacionalidad pero prescindimos del italiano y del alemán.

– Por incluir informaciones terciarias en el frontal.

Concluimos que informaciones como la forma de uso o los propios ingredientes del producto, debían ocupar un nivel totalmente separado del face del producto. En el diseño que plateamos, se destinaron a los laterales del packaging. Otro dato curioso era tener que ir dando la vuelta a la botella para informarse de cómo usar el producto o de cualquier ingrediente que contuviera y no poder identificar el producto desde los laterales en el caso en que estuviera girado en una estantería.

Además de replantear el diseño da la etiqueta, aún fuimos más allá para solucionar otra problemática en su momento de uso. Cuando el profesional está lavando la cabeza al cliente ve todos los productos desde arriba y hasta la fecha todos las botellas se veían iguales, lo que obligaba a sus usuarios a escribir encima de la parte superior del envase de qué producto se trataba. Creamos unos discos impermeables para señalizar cada producto desde arriba y diferenciarlos entre sí, con el nombre del producto y el color de la familia.

De esta manera, facilitamos la rápida diferenciación y contribuimos a que el consumidor pudiera hacer su labor de una forma más cómoda y directa.

No debemos olvidarnos de las personas. Son ellas, en definitiva, las que consumen los productos. Ellas deciden comprarlos y deciden usarlos en lugar de otros. Por esta razón, debemos diseñar pensando en ellas y, en la medida de lo posible, hacer que el momento de consumo sea lo mejor posible.

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